Traslasierra

Cuando me contaron que la sierra más alta de Córdoba tenía un paso relativamente accesible para realizar en bicicleta, empecé a buscar excusas para dirigirme hacia ese lado aún sabiendo que pasaría la temporada bien al sur. Pero mi Patagonia querida podía esperar.

Pasé por el pago a ver a la familia y de paso comencé el proyecto de viajar en una bici midfat, la cual sospechaba que sería el balance perfecto para mi estilo.
Justin, un canadiense viajero de bikepacking, decidió concluir su viaje en cercanías de Buenos Aires, y allí dejó su bici antes de partir rumbo a su hogar para que un nuevo jinete se atreva a rodarla. A pesar de su mal estado de conservación, pude ponerla a punto en menos de un mes y salí por la pampa bonaerense sorteando siempre entre caminos vecinales.

Me tomó un mes llegar a las Sierras de Córdoba, mientras en el camino fueron pasando los acompañantes Gustavo Gonzalez y Sebas Inzua, con quienes compartí más que caminos.
Llegar a las sierras luego de largas travesías tuvo recompensa y lo mejor llegó al transitar una y otra vez las alturas por las que supo gobernar el poblador originario comechingón. Siempre con aires de libertad, acampando a la luz de la luna y lejos de toda civilización; con agua pura de vertientes hidratando el cuerpo, y el polvo en las manos que me ponen a prueba para sentir que nada es imposible. De esa manera me dispuse a pedalear hacia lo más alto de Córdoba.

Bien temprano de mañana me anuncié en el control de Defensa Civil para notificar mi travesía, y por un camino de ripio que nunca dejaría de ascender, me dirigí a la cima del cerro Los Linderos muy cerca del Champaquí y, casi tan alto como su vecino líder de piedra. A 2740 msnm llegué a pedal, lo cual es todo un record personal ya que aún no he visitado el noroeste argentino. A pié completé la senda para hacer cumbre en el Champaquí, y cuando la aventura parecía que se concluiría rápido, llego lo más difícil: descender.

Cualquiera podría anticiparse a los hechos y pensar que descender es lo más fácil. Pues, no. Sé que cada camino merece su respeto y en especial en las alturas.
Mi camino era por las torres de alta tensión. Un tendido eléctrico que atraviesa la provincia de Córdoba y sus sierras casi en sus puntos más elevados. Bien pegado a ellas hay una huella, por momentos cementada, y en el mejor de los casos firme y pareja, pero también abunda la piedra, el espinillo, y no falta la senda derrumbada en piedras.
Bien arriba desde los 2680 msnm, dónde se termina el camino vehicular, los carteles anuncian la prohibición de paso por el peligro de accidentes. Pero ese cartel no es para mi. Mi espíritu es todo terreno y la Gringa que monto es una Surly midfat configurada en bikepacking y, aún recibiendo sobrados golpes, no se permite fallar.
Miro a mi alrededor. Y el cóndor domina el cielo. Mientras sobrevuela la Bifurcación, con la mayor de las concentraciones, comienzo a descender.
La huella arriba desapareció por un derrumbe y solo cuento con una senda que puedo seguir por la erosión del camino. Una cuesta de cabras por donde debo pechear la bicicleta de tiro por unos 3km. Hasta que el camino más ancho aparece y puedo subirme a la Gringa para continuar rodando. La pendiente es muy fuerte y el terreno muy técnico. La irregularidad me obliga a multiplicar la atención sobre la huella, la presión con la que freno el rodamiento y mi posición para atacar el descenso más violento que hasta la fecha me dispondría a realizar. Las curvas cerradas, los obstáculos, las piedras, zanjas, erosiones y demás irregularidades del camino hacen de este descenso algo imposible de hacerlo, pero aquí estoy. Luego de haber bajado más de mil metros de altura la huella comenzaría a transitar un ángulo más agradable por lo que me pude distender y disfrutar de la velocidad con la Gringa a riendas sueltas surcando la huella con su mejor andar.
De aquí en adelante la poda de espinillos y rosetas confirman lo bien que hice en tubelizar las ruedas, ya que no había manera de esquivar semejante cantidad espinas desperdigadas por el camino.

En cercanías a Traslasierra, miro hacia atrás y veo los casi 2000 metros de altura que acabo de descender en menos de 2 horas.
Una tranquera me cierra el paso, pero eso no es problema para mi bikepacking. La apoyo sobre la tranquera y cargándola con mis brazos la paso hacia el otro lado. Hago doscientos metros más ya por un camino vecinal y me encuentro con el arroyo Yacanto donde disfruto de su agua fresca. La pureza de vertiente proveniente, como yo, de lo más alto de la Sierra de los Comechingones. San Javier, ya llegué.

 

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